Soy un enfermo y nunca dejaré de serlo aunque los ángeles vengan a prometérmelo

Antes de que empezara el concierto, un chico "semidesconocido" se ha tropezado con mi bolsa y me ha pedido perdón. De pronto, al reconocerle, me he sentido fatal. En realidad yo sé quién es ese chico y sé que ese chico me conoce "de oídas" pero no me sentía con fuerzas para decirle que YO ERA YO. Así que le he contestado: "no te preocupes". Y he decidido seguir guardando silencio. Porque el silencio, aparte de vergüenza, a veces significa respeto. Y yo ahora vivo al otro lado de una línea que me ha costado mucho cruzar. A pesar del tropezón la bolsa ha permanecido intacta. Y llegará sana y salva a su destinatario, que hoy, desgraciadamente, ha pasado la noche en el hospital. Han operado por segunda vez al señor A. La primera vez, se equivocaron de menisco, así que después de varios meses de mareo médico y hospitario han vuelto a ingresarle para arreglar la "metedura de pata". La cosa ha sido más complicada de lo que pensábamos y ahora además han encontrado un problema en los ligamentos. Como no se va a poder mover en algún tiempo le he preparado su deseada Playstation para que la tenga en su casa hasta que se ponga bien y pueda distraerse a ritmo de videojuego hasta que vuelva a aporrear su bajo. Resulta que este mes el señor A. y yo hace un año que nos conocemos y por esa misma razón hace casi dos meses decidimos sellar en la piscina universitaria un pacto que nos convierte en "el príncipe y la corista" del siglo XXI. Y eso quiere decir muchas cosas y todas buenas.
Luego, la Grijalba y yo nos hemos ido al que desde hace una semana se ha convertido en punto de reunión indispensable de nuestro círculo: el Zentropa. Allí estaba Joaquín, que me ha dicho que ayer también estuvo en el hospital. No os preocupéis. Parece ser que le subió la fiebre por una simple gripe pero ya sabéis de que pie cojea nuestro chef. Luego nos ha preparado una tapa de GARBANZOS que nos hemos dejado intacta con mucho disimulo y le he comentado que ya tengo el disco de Felix Kubin y Pia Burnette que me gustó tanto cuando fuimos el otro día al bar. Es un cd precioso, que no paro de oir desde el martes y que también le he grabado al señor A. para que se recupere cuanto antes escuchando los bonitos susurros de Pia entre tranquilizante y tranquilizante.
Precisamente hace un año, pero en otro hospital, nacía nuestro pequeño Martinxo al que hoy he cambiado por un romance de Nacho Vegas. No sé por qué pero hoy también a mí me da la impresión de haber sido dada de alta de algún hospital, ¿no os parece? Como decía el señor A. hace años en una de sus canciones: "soy un enfermo y nunca dejaré de serlo aunque los ángeles vengan a prometérmelo". Y como él, todos necesitamos de vez en cuando una buena dosis de insulina para bajarnos el subidón de azúcar.
5 comentarios
Intruso que no pinta nada aquí -
es ma´s , los que te dicne que les gusta, es mentira ,lo dicen par quedar bien pero luego ¿tu te crees que escuchan ese pedazo de depresión sonora cuando están a solas? ¡já!
Pulguita -
yosoyesa -
Cantamañanas -
Pulguita -